Fotografío desde el estómago: Te capto, luego existo. Vivian Maier y los reflejos en los cristales

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Retratarme en el reflejo de los escaparates como una Vivian Maier sin descanso, clic, clic, clic… Y contarme mi historia… 

Fotografío desde el estómago en un anhelo de que el espejo confirme mi existencia. Me veo, me registro, luego existo. Para no sentir que soy invisible salgo a mi encuentro en el reflejo de un cristal, en mi sombra. Todo se funde junto conmigo, con todo lo que habita en mí, y en ese retrato, aunque solo sea en ese momento, soy yo más que nunca.

La ciudad en su cotidianeidad, el despertar de la calle, sus ciudadanos desprevenidos, el ruido en su realidad más sonora. Testigo del tumulto de lo urbano a mi paso, no me queda más remedio que mostrar su belleza, a veces cruda. Lo bello puede ser también duro. Soy una cazadora al acecho de instantes. 

Callo, no me resisto, mi estómago parece que es quien compone, quien enfoca y dispara. Un impulso fuera de control; vivo para ello; es lo que me da sentido. ¿Desaparecerá alguna vez ese agujero sin fondo? En ese movimiento automatizado desaparezco, entrego mi voluntad a la cámara, me domina, maneja, ella manda. Y me devuelve a mi ser, convertida en reflejos. 

Espontánea, compulsiva necesidad por contar lo que parece que solo yo veo. Me aligera, pero también pesa. El tiempo en mi reflejo parece detenerse, ocupa. Solo aquí,en este mundo de capas, unas encima de otras y entremezcladas, por contradictorio que parezca, encuentro mi lugar. Tú no me ves, pero yo a ti sí.

Te capto, luego existo.

Hasta el 5 de noviembre, la recién abierta Galería Alta de Andorra de Pancho Saula muestra una selección de 14 obras de la fotógrafa Vivian Maier (1926-2009). Una galería inundada de luz que nace para contagiar la pasión por la imagen y que inicia esta aventura con una artista que supo documentar el siglo XX a través de esa vida que transcurría en las calles de Chicago y Nueva York de 1950 a 1980.

Maier trabajó como niñera durante 40 años, desarrollando secretamente su amor por la fotografía. El descubrimiento de su obra en 2007, más de 100.000 negativos y filmaciones, por el joven historiador John Maloof, nos hace pensar que la historia de la fotografía no está cerrada. Maier captaba, con fresca naturalidad y gran maestría en sus composiciones, las miradas de la gente que se encontraba a su paso cada día. Y precursora del selfie, se retrataba con su Rolleiflex en esos escaparates y espejos que le devolvían su reflejo. Falleció en una casa de retiro y nadie supo que aquella mujer mayor, reservada, ex-niñera, era una fotógrafa consumada. Nada se sabe sobre cómo aprendió Maier a fotografiar. Su formación artística es un misterio. Tampoco nadie hubiera imaginado que sus fotografías acabarían exhibiéndose en los museos más importantes del mundo en decenas de países. Su obra ha pasado a la historia para estar junto a los grandes nombres de la “Street Photography”, como Helen Levitt, Diane Arbus, Lisette Model o Robert Frank.

Fotografía: Óscar Rivilla

Dirección de arte: Óscar Rivilla y Carolina Verd

Edición: Alexis Fernández en Cursiva Comunicación

Moda: Looks de La Musaraña

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