Reencuentro

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En cada visita que hago al Museo del Prado me reencuentro con una de sus obras y sucede que, aunque la haya visto muchas veces, me ofrece nuevas respuestas. Así ocurrió en mi última visita, frente a La rendición de Breda (1634-1635) de Velázquez (1599-1660). ¿Cómo consigue que esta escena bélica se haya convertido en una obra maestra? ¿Qué hace que se diferencie de las demás pinturas históricas de guerra? 

Tal vez sea gracias a sus figuras a tamaño natural y a la verosimilitud que inspiran tanto los personajes y animales representados, como el paisaje panorámico de fondo. Tal vez por lo creíble a pesar de la teatralidad; una coreografía un tanto escenográfica para la entrega de las llaves de la ciudad. Quizá lo que distingue a Velázquez resida en esa maestría para abordar lo que acontece y aproximarlo al espectador con total realismo. Quizá porque se atreve a pintar el aroma humeante tras la batalla, en una ciudad inmortalizada como arquetipo de bastión conquistado. Tal es cómo Velázquez crea una obra maestra convertida en referente para el arte, tanto en este género como en otros.

La rendición de Breda” o “Las lanzas”  

Velázquez sabía que el cuadro estaba destinado a colgarse en el Salón de Reinos del nuevo Palacio del Buen Retiro. Y lo procura estructurar teniendo en cuenta la altura que cobraría sobre la vista del espectador, trazado en perspectiva frontal. Consigue así atraer la participación del que contempla, de modo que se sienta parte integrante del acto.

En el centro del lienzo, donde convergen todas las líneas frontales invisibles y la atención del que observa, se encuentran los dos protagonistas principales. El vencedor, Ambrosio de Spínola (1569-1630) y el vencido, Justino de Nassau, gobernador de la ciudad holandesa de Breda. El primero, victorioso con gesto noble y amigable, recibe las llaves de la ciudad de Breda. 

A la derecha del espectador, las lanzas de las tropas españolas, en actitud ordenada y con firmeza militar, se ven de frente, todas iguales y con su límite de altura horizontal. Contrasta la desorganización popular de los entregados holandeses.

Vencedores y vencidos. La idea de un relato magistral para el arte 

Todos, vencedores y vencidos son representados por el artista con trajes elegantes y pulcros. Así, Velazquez consigue que parezca, más que el final de una guerra, un principio honroso para la paz.

La representación de la toma de la ciudad por las tropas victoriosas españolas fue pronto divulgada y llevada al teatro por Calderón de la Barca en la obra El sitio de Breda. A esa puesta en escena en la Corte de Madrid pudo asistir Velázquez.

Nunca visitó Flandes, pero se asesoró y se inspiró en las vivencias de personajes que estuvieron presentes. También contó con versiones paisajísticas de otros cuadros que trataron con minuciosidad de describir el entorno geográfico. Y llegó a conocer en detalle la estrategia que se siguió en la toma por asedio de la ciudad. 

El propio Spínola fue decisivo como fuente de información. Con él, en el primer viaje de Velázquez a Italia (1629), compartió travesía en el navío que le llevaba de vuelta, victorioso, para retirarse a su Génova natal. Sí, glorioso, aunque dolido por la incomprensión, y también frustrado por la ruina que le provocó haberse empeñado como general de las tropas españolas en la guerra de los Treinta Años. Quizá por lo que pudo captar Velázquez en aquella por entonces imprevista convivencia, comenzó a fraguar la idea de un relato propio, laureado y heroico, magistral para la historia y para el arte.

Fotografía: Oscar Rivilla

Música: Electrophorus

Edición: Alexis Fernández en Cursiva comunicación

Dirección de arte: Oscar Rivilla y Carolina Verd

Moda:

Foto Principal: vestido de Maison Mesa; camisa de El Verso store cortesía de Koa Press

Foto 2: Chaqueta y vestido de Antonio García Studio; sombrero de Lina Osorio para Maison Mesa

Foto 3: vestido de Maison Mesa; sombrero de Lina Osorio para Maison Mesa

Foto 4: vestido Maison Mesa; sombrero de Lina Osorio para Maison Mesa

2 Comentarios

  1. Asombrado por esta magnífica presentación tan bien elaborada para un “Reencuentro” con un cuadro del Museo del Prado del genial pintor Velázquez, felicito a Carolina Verd, a las firmas de alta costura, a Oscar Rivilla y a Electrophorus, por su acierto y refinamiento a la hora de abordar y resolver tan comprometido motivo (que admiraron los siglos).

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