Imaginería en el parque

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“La escultura que me impresiona nunca es perfectamente simétrica: poderosa y vital, debe transmitir algo así como la energía de la montaña. Y tiene vida propia, independiente del objeto que representa”. Henry Moore

Esta semana visité la colección de esculturas que reside y puebla el parque Juan Carlos I. Algunas piezas llevan allí desde el año 1992; discretas, no llaman demasiado la atención del paseante que camina con prisas mirando al suelo, quizá porque le resulten cotidianas al formar parte del paisaje. Sin embargo, si vamos con calma y nos detenemos a escucharlas, tal vez cobren una vida diferente, de alguna manera nos hablen y encontremos en ellas algo que, sin saberlo, estábamos buscando. 

La escultura es un arte que necesita ser expuesto al aire libre, a la luz. Enriquece el entorno y se enriquece de él. A la intemperie se muestra mutante en su reflejo de las horas del día y de las estaciones del año.

Manoloma Opus 397

Y allí, me detuve a observar a Manoloma ( escultura de Miguel Ortiz Berrocal, 1933-2006 ) que habita el parque como en volandas, posada sobre un jardín laberíntico.

Sus nudos, sus curvas, sus ondulaciones, semejan un baile de musas. ¿Será que los cuerpos femeninos ondeantes de los que está formada son un pasaje secreto a otros mundos y dimensiones?

Esperando su respuesta me senté a observar el cambio de las sombras y tonalidades que se producen con el paso de las horas. En una insinuante ondulación de redondez blanca parecía estar dotada de vida. “¿Qué importa lo que sea? Lo importante es el asombro que provoca mi presencia”.

Fisicromía para Madrid

Algo inesperado, y a la vez quieto y en movimiento, me aguarda. Vibrando sobre mi cabeza, me encuentro con una escultura de Carlos Eduardo Cruz-Díez (1923-2019). Un muro flotante y ondulante que, conforme me acerco o me alejo, cambia de discurso cromático. Funciona en continua transformación de lo que emite a través de la vibración y expansión, ora oculta ora luminosa, con el despliegue de sus mágicas tramas de color.

Su cuerpo físico, cual si fuera latigazo, fustiga y trata de alardear en el entorno en búsqueda de una recíproca atención en la que perpetuarse. Me invade su dinamismo, me contagia su ritmo: naranja, verde, blanco y azul, negro, blanco, naranja, azul… Blanco.

Rutas de mil planetas

En un alto del parque, Amadeo Gabino (1922-2004) ha creado una escultura en homenaje a Galileo Galilei. Dos piezas de acero con pátina de óxido férrico (acero Cor-ten) que con su masa-forma hablan de la gravedad, y al mismo tiempo dibujan rutas concéntricas proyectando su influjo de signos al cosmos, quizá en busca de nuevos planetas que descubrir.

En el parque hay diecinueve esculturas, una de ellas esconde las propias puertas para regresar al jardín del Edén; también hay una esfera que refleja el cielo en su brillante metal.

Observándola parece que nos derritiéramos en la azul inmensidad. Allí, además, encontré unas piezas que semejan extraños seres; habitantes de un estanque compuestos por retazos de lo que hubieran sido humanoides… 

Y ahí está todo, susceptible de ser contemplado, al alcance de la mano y de lo ojos , en nuestra propia ciudad, esperando a ser explorado y descubierto para volver a ser dotado de vida con tan solo una mirada.

Localización: Parque Juan Carlos I, senda de las esculturas.

Fotógrafo: Oscar Rivilla

Música: Dr Symptosizer

Edición: Alexis Fernandez en Cursiva Comunicación

Dirección de arte: Oscar Rivilla y Carolina Verd

Estilismo colaboración: Carolina Omaña

Moda:

Foto principal y foto 2: falda blanca plisada; jersey cuello vuelto blanco y cortavientos blanco de Liu Jo cortesía de Finally. Zapatillas blancas de The Hoff Brand.

Foto 3: vestido a rayas de Desigual; abrigo plumas franjas de colores de Psophía; botas crema de Mango cortesía de Finally.

Foto 4 y 5: mono short y jersey print leopardo; botines de charol negro de Liu Jo cortesía de Finally.

2 Comments

  1. Es como si desde el momento de su publicación hubieran recobrado la vida en nuestro pequeño mundo natural de parques olvidados…

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    1. Y ahí está todo, susceptible de ser contemplado, al alcance de la mano y de los ojos, en nuestra propia ciudad, esperando a ser explotado y descubierto para volver a ser dotado de vida con tan solo una mirada…

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