¿Cómo sería posar para Lucian Freud?

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Hace unas semanas estuve invitada por el Museo Thyssen-Bornemisza a la presentación de prensa de un nuevo libro de Phaidon. Se trata de la recopilación de la obra de uno de los retratistas más célebres del siglo XX: Lucian Freud. Este libro es un ejemplo de cómo la pintura llevada a un libro también se puede convertir en una obra de arte.

David Dawson, asistente, modelo y amigo, a quien Freud retrató en ocho ocasiones, nos contaba cómo era el artista y cómo era posar para él.

Rosada piel, masa de músculos pesados, carne expuesta, ausente por agotamiento, en tensión silenciosa

Pintó solo a los más cercanos a él: esposas y amantes, amigos y familiares, y a sí mismo. Tanto cuando pintaba a sus modelos como cuando se autorretrataba, vemos reflejada su personalidad: rigurosa, severa, firme y honesta. Pintó a bellas como Kate Moss y Jerry Hall con tal crudeza que no queda rastro de sus atractivos. Quizás la intensidad psíquica de sus retratos y las extensas sesiones de posado de sus modelos, inevitablemente se puedan comparar con la práctica psicoanalítica de su abuelo, Sigmund Freud.

“Pintaba de día y de noche, dos retratos al mismo tiempo. Uno en sesión de día, más o menos de ocho de la mañana a 12:30 o 1:00 del mediodía; por la tarde descansaba; y otro en sesión de noche, de 6:00 de la tarde a 12:00 de la noche. Siempre así, uno de día y otro de noche, para captar luces y sombras distintas. Podía estar con uno de esos retratos hasta doce meses; le gustaba ver al retratado pasando por diversos sentimientos. Y no siempre había seguridad de que aprobara su propio trabajo; podría incluso destruir el retrato; de hecho, hasta pasados ocho o nueve meses de trabajo no había seguridad de que todo acabara bien, de que el cuadro llegara a buen puerto”, nos contó Dawson. También nos comentó que era tal su obsesión por pintar y seguir su rutina que una vez vino a Madrid a ver su cuadro favorito, Las Meninas, de Velázquez, para lo cual cogió un avión por la mañana y por la tarde tomó otro para volver a Londres, a fin de no perder su sesión nocturna de pintura.

Pintor expresionista de carne y piel

Sus pinceladas expresivas recuerdan a la obra de Egon Schiele, y la perspectiva inclinada de sus obras y los objetos inanimados representados en sus cuadros pueden recordar a Vincent van Gogh. Freud era miembro de la Escuela de Londres, un grupo de artistas dedicados al realismo figurativo, considerado un tanto reaccionario porque evitaba la presencia de movimientos de vanguardia de ese momento: el arte conceptual, el minimalismo y el pop. Comparado con sus contemporáneos, por ejemplo, Francis Bacon o David Hockney, Freud es estilísticamente convencional. El tema de sus cuadros, sin embargo, es cualquier cosa menos eso. Para el artista lo importante era la emoción y la intuición y la capacidad de transmitirlas  en su obra. A través de la carne y la piel expuesta en sus cuadros, Lucian Freud llega a reflejar la psique de sus retratados. “Su pasión por el desnudo le venía porque pensaba que de esa manera expresaba mejor la individualidad de cada retratado, reflejaba mejor quién era cada persona. Lo que le interesaba era la individualidad de cada persona, de cada cuerpo”, nos cuenta Dawson.

“¿Qué le pido a una pintura? Le pido que sorprenda, perturbe, seduzca, convenza” L. F.

Y así es, Lucian Freud lo consigue. Además de poder ver su obra en esta nueva recopilación hecha por Phaidon podemos visitarla en el museo Thyssen Bornemisza; en la colección permanente están expuestos cuatro cuadros: Reflejo con dos niños, Gran interior. Paddington, Último retrato y Retrato del barón H. H. Thyssen-Bornemisza. Nos adelantaron en la presentación del libro que están preparando una exposición para 2020 de la obra del artista. La última vez que vi una exposición suya fue en Barcelona, en el 2002, cuando fui expresamente a esta ciudad para verla. Freud tiene algo en su mirar que nos llena de desasosiego y a la vez nos atrapa, ¿será porque nos muestra con sus retratos la fragilidad y a la vez la fuerza del ser humano?

 

 

Fotografía: Oscar Rivilla

Música: Dr. Symptosizer

Directora de arte: Carolina Verd

Localización: Localización: Il Tavolo Verde

Moda: pijamas de La Costa del Algodón

2 Comments

  1. Alguien dijo que traducir era algo así como trasladar a la otra orilla (aproximar lo desconocido hasta hacerlo asequible) y eso, si se hace bien, deja la impronta de quien conoce las dos y puede cruzar de una a otra discretamente sin producir estridencia.
    Una vez más aprecio el trabajo y felicito al equipo.

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