Las señoritas de Avignon: hechos y deshechos en la experimentación artística​

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Antonio López contesta a Boadella: “Picasso se defiende solo, pero las mierdas no están mal”.

Hace ya más de un siglo, Picasso pasó casi un año enfrascado en la tesitura de experimentar alternativas a lo que, hasta entonces, se habían considerado reglas para pintar un cuadro. Se envolvió en una problemática desconocida que le llevó a liberarse de estereotipos y modalidades sobre la forma de proceder (pintando, tratando temas en un cuadro, etc.).

carolina verd picasso avignon

Experimentación y ruptura de estereotipos

El proceso de esta obra es una de las experimentaciones más interesantes de la acción de pintar un cuadro rompiendo las maneras, además de ser una de las mejor documentadas a través de los apuntes del propio artista. Es un dato conocido cómo inició la aventura: a partir de un apunte intranscendente de unas figuras en el interior de una habitación. Asimismo, se conocen los apuntes que acompañaron el trayecto (dieciocho cuadernos), y a través de los documentos podemos acceder a la sucesión de tentativas por las que fue pasando, conatos de cuadro en los que Picasso fue transformando todo el contenido a partir de una primera versión que hizo los efectos de detonante.

Se trató de un proceso de continua metamorfosis, siempre abierto al asombro y dirigido a soltar las ataduras de cualquier convencionalismo.

Lo que Picasso hizo en términos de producción es un camino de pura búsqueda artística que dista mucho de ser “industrial”, como se le tacha. En la realidad, lo que aquí se denominan apuntes, bocetos o conatos fueron para Picasso un preámbulo errático al cuadro que duró bastante más de un año completo, tiempo en el que ya pasó a ejecutar los primeros trazados. Nada sabía el artista durante ese proceso de lo que, después, sería una obra maestra.

picasso boadella

La lucha con el cuadro

Picasso comenzó el cuadro sin tener ni remota idea de cómo acabaría y con un grupo inicial de más figurantes. En la escena representada en los comienzos, dentro de una habitación con cortina y mesita (con frutas y porrón de vino), en una ordinaria perspectiva de interior, aparecían dos figuras masculinas (el filósofo y el marinero) que luego, en el proceso, desaparecieron, seguramente porque no pintaban nada en el cuadro-encierro.
Las figuras femeninas se hicieron dueñas de la situación y poseyeron poco a poco el cuadro viniéndose todas adelante, a salir en un mismo primer plano-plano. La ocupación del cuadro es total, tan total que no queda un resquicio de sobra, tan total que todo se aplasta contra ese primer plano, proyectando todo su volumen en fragmentos planos descompuestos (precursores del cubismo). Hasta la mesita y todo su contenido pasan del plano horizontal a venir a proyectarse en el mismísimo plano vertical del límite superficial exterior del cuadro. Y, así, es el plano-del-cuadro el que se queda saturado de tensión.
La máscara de la figura de mujer agachada a la derecha constituye la penúltima transgresión a las leyes de la convención visual (cabeza girada), hecho póstumo, de-liberado y superpuesto.

Esto, que se alumbró entre los años 1906 y 1907 en París, por supuesto, es irrepetible, como cualquier otro acontecimiento; simplemente lo propiciaron las circunstancias.

Un nuevo paradigma en el campo de la pintura

Picasso fue el descubridor de un nuevo paradigma en el campo de la pintura. Dice la RAE que paradigma es la “teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento”. No cabe duda de que lo que Picasso plasmó en el cuadro Les Demoiselles d’Avignon  suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento (refiriéndonos a conocimiento como una forma de abrir la sensibilidad y la mente a nuevas formas de percibir y plasmar la realidad). Tal cosa no habría sido posible sin experimentación y sin, en ese proceso, producir un buen número de “mierdas”, término que emplea Boadella para describir “las tres cuartas partes de la obra de Picasso”. Otra cosa es que el mercado, siempre voraz, valore esos apuntes derivados de una experimentación como obras de arte en sí mismas.

picasso boadella carolinaverd

Fotografía: Óscar Rivilla

Diseño conceptual: Carolina Verd

Moda :

Top de seda negro: Maje

cortesía de Finally:

Pantalón negro: Antonio García Studio

Zapatos negros: Pura López

1 Comment

  1. Es la mejor ‘exposición’ sintética que he leído sobre una obra maestra destacada entre los hechos contemporáneos del arte de la pintura (aunque, casi ya clásicos, porque después de 111 años transcurridos, ¡ya no es una obra tan contemporánea!). Una magnífica apertura al aprendizaje.

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