Picasso y Toulouse-Lautrec

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La exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza presenta un diálogo artístico entre dos figuras capitales de la vanguardia de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX: el pintor francés Henri de Toulouse-Lautrec (1846-1901) y el artista español Pablo Picasso (1881-1973). Se puede visitar desde el 17 de octubre del 2017 hasta el 21 de enero de 2018.

Mientras que la carrera artística de Picasso duró 70 años, la de Toulouse-Lautrec solo 15. Sus trayectorias fueron muy diferentes, pero también son muchas las afinidades: ambos fueron genios artísticos desde la infancia, sintieron una irresistible atracción por París en su juventud y experimentaron un sensacional dominio del dibujo, del trazo libre. Nunca llegaron a conocerse. Picasso llegó a París en octubre de 1900; Toulouse-Lautrec, ya muy enfermo, fallecería un año después.

La contraposición de sus obras en esta exposición nos brinda la posibilidad de ahondar en nuestra comprensión de la tradición artística contemporánea.

Toulouse-Lautrec

La teatralización de la vida urbana y la modernidad extrema de Toulouse-Lautrec, así como su iniciativa de integrar la alta y la baja cultura, tuvieron una influencia decisiva en la generación de artistas que le sucedió. Era un maestro en el arte del dibujo y la línea. A través de la caricatura, la parodia y la exageración revolucionó el lenguaje artístico de su tiempo y abrió las puertas al retrato moderno. Tanto en sus pinturas como en sus coloridos carteles nos dejó un extraordinario repertorio de imágenes del ambiente marginal y de las frenéticas noches de Montmartre.

Retrató como nadie a las mujeres de vida marginal. Bajo su mirada, caricaturesca y melancólica a la vez, los burdeles se convierten en escenas intimistas y cotidianas. En sus composiciones, de formas y colorido poético, Toulouse-Lautrec transforma el mundo sórdido de las mujeres de vida alegre del París de fin de siglo XIX en algo delicado y exquisito bajo su mirada tierna. Los temas del erotismo y la prostitución cautivaron al artista porque le brindaban la posibilidad de abordar el desnudo con una visión moderna gracias a las poses y movimientos desinhibidos de las mujeres de esos ambientes.

En la exposición, junto a carteles y pinturas de Toulouse-Lautrec, vemos fotos de bailarinas de cancán. Se muestra, por ejemplo, un cartel publicitario dibujado por Toulouse-Lautrec donde se anuncia con letras grandes que Jane Avril bailará en el Jardín de París y al lado una foto autografiada por la bella bailarina dónde se la ve levantando la pierna con el mismo gesto con el que aparece en el cartel. En esta época los pintores empiezan a apoyarse en la fotografía como herramienta para estudiar poses y posturas que les inducen a trabajar el movimiento. Ya en 1978, Eadweard Muybridge fotografió el caballo en movimiento, una serie de fotografías donde las patas de una yegua al galope quedaban registradas en posiciones inéditas.

Picasso

 

Picasso, el artista más inquieto y revolucionario del siglo XX, afiló en extremo los dones recibidos por los maestros que le precedieron. Picasso decía que hay que imitar a los maestros. Picasso absorbía y fagocitaba todo lo que ocurría artísticamente a su alrededor. Lo que le estimulaba era tratar de imitar a los vanguardistas para acabar haciendo lo mismo que ellos, pero mucho mejor. Y es que a Picasso cada experimento, comenzado tan solo para imitar, le llevaba a trabajar encontrando fundamentos.

En ese proceso, aquello de “cazar al ser”, que decía Oteiza, para Picasso era esencial. En su experimentación desbarraba, transgredía, se perdía y encontraba algo nuevo por su gran dominio del referente, tanto clasico como rupturista. Experimentaba con gran confianza, pues sabía que tenía una mirada penetrante, muy entrenada, que en París liberó de prejuicios. Picasso había viajado a París, metrópoli del arte y de la intelectualidad, donde imita al principio el estilo de Toulouse-Lautrec. El pintor francés en ese momento es muy demandado, tenía mucha fama. Picasso dice, yo también dibujo, yo también soy Toulouse-Lautrec, yo también puedo ganarme la vida vendiendo mis carteles y pinturas. Picasso pinta carteles y dibujos publicitarios de venta fácil, con imágenes muy impactantes e icónicas de movimientos sintetizados, engancha con su obra al que la mira.

 

El diálogo artístico de Picasso y Toulouse-Lautrec

Picasso compartió la misma predisposición para el dibujo y la línea de Toulouse-Latrec; en sus retratos también se valió del grafismo sintético y la distorsión de las formas propios de la caricatura. Caricaturescos seguirían siendo sus retratos cubistas y, en las últimas décadas de su vida, las exageraciones propias de la deformación y la caricatura volverían con fuerza a sus obras.

Según mi parecer ambos artistas bebieron sucesivamente en muy parecidas fuentes históricas, como por ejemplo las de Ingres y Degas, pero también la del Greco. Picasso por su parte, dio un paso más al someter las formas a un proceso de metamorfosis.

Con Picasso es imposible determinar una pauta formal fijada para su inquieta personalidad creadora fuera de ese ansia constante por la invención y el cambio. En cualquier caso, su insaciable mirada, rapaz y depredadora, hace que Picasso sea Picasso.

En esta exposición se ve el sello de Toulouse-Lautrec en la obra de Picasso de los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX, hasta el punto de que hay carteles en los que a primera vista no se reconoce cuál de los dos es el autor. Durante esa época, Picasso coge de referente al artista francés para después, como se puede ver en la exposición, evolucionar hacia el aplanamiento del cubo escenográfico de la perspectiva, una labor que culminaría en el cubismo. Picasso imita a Toulouse-Lautrec en la vida que hace y cómo dibuja. Después de morir Toulouse-Lautrec, se muere también la herencia del artista francés en Picasso.

Picasso va hacia otros horizontes, el trabajo de Cézanne le conmueve y el estudio de su obra hace que surja la experimentación de una forma de perspectiva diferente a la que hasta ahora se había visto: el cubismo. Picasso todo lo absorbe y reinventa porque su talento era enorme.

Mi interpretación de la exposición

El objetivo de la curaduría está muy bien logrado: el diálogo entre estos dos genios de la pintura me parece muy estimulante y muy bien presentado. La relación entre el trabajo de los dos artistas se extendió mucho más allá de la influencia directa que la obra de Toulouse-Lautrec tuvo sobre Picasso. Poniendo en contraposición obras concretas, queda demostrado que el néctar francés –la obra de Toulouse-Lautrec– del que bebió Picasso siguió corriendo en las venas de su obra muchos años después a través de la deformación y la caricatura. Es con la influencia de la obra de Toulouse-Lautrec que Picasso comienza a sintetizar y distorsionar las formas casi de una manera caricaturesca, y esto le acompaña a lo largo de toda su vida.

Precisamente por esto, para mí la joya de la exposición está en la penúltima sala. Ahí está expuesto un tapiz de las Señoritas de Avignon que Picasso tenía colgado en su casa, Villa La Californie, en Cannes. En la exposición, junto al tapiz, se muestran una famosa fotografía de Toulouse-Lautrec y fotos de la casa de Picasso donde podemos ver que se repite el conjunto: Picasso tenía colgado en su casa el tapiz y junto a él la fotografía de Toulouse-Lautrec. Picasso le admiraba, o al menos le estaba agradecido; fue gracias a la obra de Toulouse-Lautrec –que copió descaradamente cuando se mudó a París– que, tal vez, pudo sobrevivir y mantenerse trabajando en la ciudad y convertirse en el genio de la pintura del siglo XX.

Workshop de Picasso y Toulouse-Lautrec

Estoy deseando visitar la exposición con mis hijas por ver qué comentan, lo que les llama la atención, por aprender con ellas. Tengo la impresión de que no es una exposición fácil de entender para un niño, el diálogo entre las obras de dos artistas, uno que está acabando su carrera y otro que está empezando, es más bien una exposición para adultos.

Tengo pensado para el workshop poner en nuestra mesa de experimentación papel de acuarela, lápices, ceras, pasteles, acuarelas y acrílicos. La propuesta va a ser que experimenten mezclando las diferentes técnicas en un juego libre. También pondré en la mesa muñecos moldeables, de los de madera articulados que sirven para estudiar posturas. Pintaremos figuras en diferentes posiciones que posteriormente recortaremos en trozos y pegaremos en otro papel para hacer un collage.

Solo diseñando el workshop me entra el gusanillo de ponerme yo a experimentar nada más dejar de escribir… ¡os contaré qué sale!

Fotografía: Oscar Rivilla.
Estilismo y diseño conceptual: Carolina Verd.
Peluquería y maquillaje: Carolina Verd.
Moda:
Recreación de La pelirroja con blusa blanca, de Toulouse-Lautrec: camisa blanca de Bimba y Lola.
Recreación del La espera (Margot), de Picasso: Jersey de H&M, tocado original Carolina Verd.

3 Comments

  1. Me ha gustado mucho las fotos de Picasso,le hubiera encantado pintarte a ti,sensacional tu trabajo,viéndole y leyéndote,apetece mucho visitar esas exposiciónes…..Es muy interesante

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